Mis 80’s

20 abr

Pertenezco a una generación particular. Crecimos en los 80 en Nicaragua. En medio de un conflicto bélico que implicó vivir con de una serie de limitaciones y con la “ilusión” de que el bendito y famoso “hombre nuevo” haría de nuestra vida y de las futuras generaciones algo simplemente maravilloso. Esa generación que aprendió a sumar contando granadas: 2 granadas +2 granadas= 4 granadas.

Era, tomando prestado el nombre de aquella serie cubana que hace poco un amigo me recordó “Algo más que soñar”. Vivíamos los sueños, probablemente con una carga grande de inconciencia, pero llenos de esperanza y tesón algo que falta bastante en estos días.

Esa esperanza también se trasladaba a las cosas más frugales como la publicidad de los casi inexistentes productos que se podían acceder en esos años. ¿Quién de los que vivió en Nicaragua en los 80 no se acuerda de aquel famoso comercial en el que Otto de la Rocha cantaba “Me gusta la papa frita, también me gusta cocida… me gusta el puré de papa… y aquí te puedo enseñar con cuántas papas se hace un guiso, y el que no comió la papa fue sólo porque no quiso”. O aquel de ENABUS que donde el mismo personaje te cantaba “Subamos por delante y bajemos por detrás”.

También me acuerdo de la famosa leche Timbuquita, “timbu, timbu, timbuquita, tu lechita de sabores, yo la tomo bien fresquita, para niños y mayores”. La pasta de dientes Dentex también tenía lo suyo. Sin comercial a su favor, tenías que ser sumamente delicado al apretar su cintura para que saliera su contenido, de lo contrario, se te desguabapa por el trasero. Los juguitos D’Lago de papaya, piña o maracuyá eran de igual manera una de las pocas opciones. Y aquello de los cachorros que “amo mi patria, cumplo con mi deber en cualquier parte estoy legal, por defender la alegría, la vida, somos el orgullo nacional”. No se pueden quedar atrás las series del Ministerio del Interior (MINT), viéndolas conocí por primera vez a Lucero Millán y me acuerdo de aquella frase que ella decía en la costa “¿Extranjera yo?, No, internacionalista”.

Esos eran nuestros personajes, esa era la publicidad disponible. No habían jugueterías, ni publicidad que te hiciera agua la boca. No habían Power Rangers, ni juegos en línea.

Tampoco había mucha diversión. La última película que vi en el cine fue un drama titulado “Solo contra el mundo”. Había poco que hacer. Una de mis actividades favoritas era los “paseos” al supermercado de la mano de Margarita Vásquez, mi eterna nana. Las góndolas llenas de compotas de ciruela de Bulgaria, vasos de vidrio de diferentes tamaños de la URRSS, aceite de oliva italiano o cualquier otro artículo raro y con etiquetas en los idiomas de los países socialistas que llegaban al país por alguna donación.

Así, probé sin saberlo, mi primera sopa Ramen. Al no saber cómo se hacían y estando las instrucciones en chino pensábamos que se preparaban igual que las escasas sopas Maggi por lo que comerlas era casi igual que tomar agua con fideos. También recuerdo la variedad de embutidos de los países socialistas y las famosas sardinas rusas que hacen que hoy en día me lo piense si comerlas o no.

Me acuerdo de los largos minutos contemplando las barras de ajuste en “el canal”, sí el Canal 6, al lado de Santiago, mi hermano y cómplice. Ahí aparecía después en Marino y la patrulla oceánica el famoso Profesor Toro Voltán, Novita, el Gato Cósmico, Don Gato y su pandillaJosé Miel y su drama y la inolvidable Candy con su Anthony.

Unos años después aparecí yo en la televisión nacional cuando era conductora de “Haciendo Brecha” un programa que quería ser parecido al “Pollito Intelectual” obviamente sin la sabiduría y experiencia del Profesor Julio César Sandoval. Después también vino el “Chocoyito Chimbarón”, “Notiniños”, “Matatirutirulá”, “Jóvenes en Acción” y muchos otros.

Era una época llena de ilusión, ingenuidad, sacrificio y devoción. Por nuestra edad no nos tocó ser protagonistas de las “tareas de la revolución”, no hicimos vigilancia en los Comité de Defensa Sandinista (CDS), ni nos embarcarnos en la mítica Cruzada Nacional de Alfabetización. Éramos niños de la Asociación de Niños Sandinistas (ANS), jugábamos en el cauce amarrados con un mecate mientras llovía, rayuela en las aceras, o al cero escondido. Así, mis vecinos se convirtieron en mis hermanos y hoy cuento con su amor en la primera línea de mis afectos, como igual son para la generación mayor sus compañeros de guerra o de alfabetización.

Esto que aquí escribo es probablemente mi catarsis o mi curiosidad de saber ¿por qué no hablamos de esto?, ¿por qué “acordamos” todos seguir adelante y ver con distancia eso que nos une? Es lo que fue. Ni bueno, ni malo. Nos forjó, nos hizo independientes, maduros, autosuficientes, ingeniosos, ingenuos, soñadores y amantes de la vida como diría mi mamá. Como también fue el exilio un elemento duro y forjador para aquellos que tuvieron que dejar este país, que es tan nuestro como de ellos.

Me preguntan si me arrepiento de algo de esa época. Mi respuesta es no. La revolución que yo viví fue la que antes describí, más fines de semana en “campamentos” en las faldas del Volcán Masaya, idas a las plazas en los actos políticos, gritar consignas, ir al zonal de la Juventud Sandinista. Nunca tuve mucha conciencia qué significó la Operación Berta, ni de la importancia de los Centros de Abastecimiento del Trabajador (CAT), ni de los AFA. Entonces, era muy pequeña.

Habían limitaciones, ausencias y carencias que me hicieron ser en gran medida lo que soy hoy. No tenía mayor conciencia de lo que pasaba. Sin conocer “otra verdad”, sin cuestionar nada, de entrega. Entrega a una parte de la historia, a una parte de Nicaragua, porque de la otra, en mi casa y mi entorno, no se hablaba.

El amor pudo más y aquellos primos que estuvieron como en “pegue congelado” porque se fueron al exilio en los 80 fueron poco a poco tomando vida y recobrando su lugar en mi corazón. Los vecinos fueron regresando y creo que ahí fue cuando nos mezclamos y decidimos entre todos hacernos de la vista gorda. Era más fácil al final, pero hoy muchos años después esos recuerdos siguen más vivos que nunca y les quiero dar el lugar que merecen en mi vida.

Managua, 20 de abril del 2012

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5 comentarios to “Mis 80’s”

  1. Chito 24 abril, 2012 at 9:32 AM #

    Buenisimo Claudia.
    Me acuerdo ese anuncio de Enabus. Era con animacion de esos tiempos.. jaja…una parte un broder por ahi decis “oe, esa canasta senora! mi pie, mi pie” jaja
    lindos recuerdos.

  2. Cristianne Dugan Cuadra 27 abril, 2012 at 2:30 PM #

    Gracias mujer, que bello relato. Recuerdos compartidos. Somos especiales, somos el producto de una burbuja, un eruto del tiempo. Y siempre que no perdamos esa escencia de lo que pudo ser y no fue, ese “Ser Humano Nuevo” que nunca llego, sigue incubado dentro de cada uno y puede germinar dentro de nuestros hijos y verse materializado en nuestros nietos.
    Esos anios nos hicieron “all weather y all terrain proof”. Por eso hay que estar orgullosos y con este tipo de reflecciones se documenta desde una perspectiva positiva.

  3. iaravegalinhares 30 abril, 2012 at 4:02 AM #

    Que lindo Claudia, ha sido grato leerte y que rico que escribes! Gracias por compartir tan amplia y generosamente tus memorias de esos años que logré alcanzar justo al finalcito.
    Cariños. Iara.

  4. Tania 18 julio, 2012 at 1:41 PM #

    Somos una generación maravillosa que disfrutó – a pesar de TODO – de una niñez llena de magia: jugamos en las calles, y retomo tu frase, nuestros vecinos se convirtieron en nuestros hermanos… No olvido las tardes de títeres en los atrios del TNRD, el maravilloso ballet ruso o cubano, las tardes de verdadera alegría comunal cuando la solidaridad real se manifestaba en las calles, todos compartian. Recuerdo esas laaaargasss filas del ENABAS y las gratas conversaciones durante la espera. Hubo limitaciones, pero la esperanza daba luz a todas las circunstancias que por momentos se veian oscuras.
    Agradezco tus palabras porque desenpolvan lindos recuerdos que impulsan a limpiar el camino por andar.
    Saludos!

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  1. #Yodeniña | Aquí no sale el sol - 1 junio, 2012

    [...] no conté granadas ni fusiles, no encontré piezas de Aks y ni siquiera recuerdo haber visto a mi viejo con su uniforme militar. [...]

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