De cómo el amor nos salvó en los tiempos de guerra

23 abr

archivos_imagenes_peliculas_a_amor-en-tiempos-de-colera_imagen30951A Mayela y la Rivers, mis compañeras de bote

La mañana del lunes recibí un correo de trabajo donde me solicitaban  una cita de uno de mis libros favoritos para alimentar nuestra web.

Sin pensarlo respondí con una de “El amor en los tiempos del cólera” que fue mi libro de cabecera cuando intentaba entender esos temas del corazón.

Recuerdo que lo leí por primera vez en mi secundaria y esperaba con ansias cada fin de semana para ir a alfabetizar, vacunar o a alguna movilización donde podía ver a aquel muchacho de ojos verdes que me gustaba y con quien nunca pude tener el honor de compartir un viejo barco huyendo de ninguna peste.

Por eso no le di la oportunidad de decirme la frase lapidaria que el capitán le hizo Florentino Ariza:

- ¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo?

Florentino Ariza tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches.

- Toda la vida – dijo

Dos de mis colegas en la oficina respondieron, casi de manera simultánea con citas del mismo libro. Interesante, cómo ese libro marcó una parte de mujeres de mi generación.

Mujeres que crecimos en una Nicaragua en guerra con mil sueños por delante. Románticas, soñadoras, esperando por nuestro o nuestros Florentinos, porque me rehúso a creer que sólo tenemos un Florentino en la vida.

Y aquí me atrevo a tomar prestadas unas líneas del gran García Márquez en este mismo libro:”…lo asustó la sospecha tardía de que es la vida, más que la muerte, la que no tiene límites”. Una vez más Gracias Maestro, así en mayúsculas.

Sigamos soñando Maye y River.

¿Para qué comunicar?

15 abr

Mi formación inicial en periodismo me lleva siempre a recordar las famosas cinco preguntas que el Profesor Juan Molina nos explicaba con tanto énfasis durante  mis años en la Universidad Centroamericana (UCA): ¿Qué?, ¿Quién?, ¿Cómo?, ¿Cuándo? y ¿Dónde?. Relevantes siempre en el ejercicio del periodismo, importantísimas para mi trabajo de comunicadora, pero creo que no tan relevantes como el ¿Para qué?.

¿Para qué? es una preguCREAparaqueblogs120413-01-504x325nta que hago y repito a diario con mis compañeros de trabajo y con nuestros clientes. ¿Para qué una nota de prensa?, ¿Para qué un comunicado?, ¿Para qué una estrategia?, ¿Para qué una página de Facebook?, ¿Para qué un blog?, ¿Para qué una llamada telefónica?, ¿Para qué una reunión? ¿Para qué una conferencia de prensa?, ¿Para qué esta columna? Y podría seguir con muchos para qués. La respuesta no es tan sencilla como la pregunta y, muchas veces, toma semanas responderla.

Para reponder esta interrogante debemos tener claridad de lo que queremos comunicar, ¿Cómo queremos comunicarlo?, ¿A quién?, ¿Cómo vamos a hacerlo?, ¿Dónde?, ¿Cuándo? y ¿Por qué?. Para qué es el objetivo o fin de nuestro producto o acto comunicacional y debemos responderlo antes de plantear cualquier escenario comunicacional.

Muchas veces, se cree que hay productos estándares y transversales para cualquier proyecto y es ahí cuando nuestro mensaje no es comprendido, o muchas otras veces ni siquiera logra llegar a su audiencia.

¿Cuántas veces hemos ido a reuniones de trabajo y nos encontramos siempre con mesas llenas de revistas institucionales, folletos o memorias anuales? ¿Cuántos de ustedes las han leído? ¿Las han leído por interés, porque les atrapó el contenido o porque no hay nada más que hacer mientras se espera por esa reunión o entrevista? Si las ha leído por interés, se habrá cumplido su objetivo, de lo contrario el aburrimiento le habrá ganado la partida a la comunicación.

En la medida en que entendemos el objetivo de la comunicación invertiremos mejor los recursos de la organización y lo más importante conseguiremos una efectiva comunicación. Una comunicación que ayudará a crear un estado de opinión acorde a lo que se plantea la organización. Así que la próxima vez que piense en comunicar recuerde ¿Para qué?

Mis 80′s

20 abr

Pertenezco a una generación particular. Crecimos en los 80 en Nicaragua. En medio de un conflicto bélico que implicó vivir con de una serie de limitaciones y con la “ilusión” de que el bendito y famoso “hombre nuevo” haría de nuestra vida y de las futuras generaciones algo simplemente maravilloso. Esa generación que aprendió a sumar contando granadas: 2 granadas +2 granadas= 4 granadas.

Era, tomando prestado el nombre de aquella serie cubana que hace poco un amigo me recordó “Algo más que soñar”. Vivíamos los sueños, probablemente con una carga grande de inconciencia, pero llenos de esperanza y tesón algo que falta bastante en estos días. Continuar leyendo 

Responsabilizate por tus desechos

5 mar

Ilustración de Flor Marenco / Crea Comunicaciones

Me rehúso a aceptar que la basura forma parte del paisaje nacional. Que robará espacio a los ancestrales cedros, robles y madroños que bailan con el viento en las calles de Managua. Que competirá con nuestra flor nacional El Sacuanjoche o peor aún, que la reemplazará.  Tampoco quiero creer que su fétido olor secuestrará el aroma de los jazmines y corozos.

Pero la realidad impera y lo que está a la vista no necesita de anteojos. Calles convertidas en basureros, parques en los que juegan desechos en vez de niños, aceras donde corre, a la velocidad del viento la basura que sus transeúntes dejan y le roban espacio a aquellos que ilusamente quieren correr.

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Mi mamá, la pencona

13 dic

Probablemente muchas hijas como yo están orgullosas de sus madres.

Probablemente muchas madres han sido como las mías: mapas, es decir madres y padres a la vez.

Probablemente, la mía no es la única roquita de corazón fasfarolético.

Probablemente, hay madres que han sido como ella, penconas, soñadoras, echadas pa’lante y con un optimismo que llega de aquí hasta el cielo.

Probablemente muchas, además de madres han sido amigas, confidentes y hasta terminan siendo “bróderes” de los amigos y amigas de sus hijos. Hay quienes incluso, terminan adoptando a las amistades de sus hijos de por vida.

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Se llevaron las boletas, pero no nuestra ilusión

8 nov

El domingo 6 de noviembre al final de la tarde, como muchos de mis vecinos de infancia, me acerqué con mi madre al Centro de Votación (501) donde he ejercido mi derecho ciudadano desde que puedo hacerlo.

Llegamos porque queríamos conocer los resultados de las elecciones. Llegamos llenos de cariño, con botellas de agua, linternas, sonrisas y cámaras para documentar lo sucedido. Llegamos en son de paz. Queríamos tener pruebas de la voluntad de los que ahí votamos, ya que en las dos últimas elecciones ese centro que alberga siete Juntas Receptoras de Votos (JRV) no ha sido contabilizado. Si en cada JRV votan 400 personas, estamos hablando de 2,800 votos que simplemente se disuelven como el Alka-Seltzer. Continuar leyendo 

¿Cuál es tu Nicaragua?

7 oct

Ultimamente he tenido la sensación de vivir simultáneamente en diferentes países. ¿Cuántas Nicaraguas hay? Por un lado, me pintan una Nicaragua donde no hay buenas noticias, conflictos por aquí, mentiras por allá, corrupción y abusos de poder por todos lados. La imagen de esta Nicaragua provoca ganas verdaderas de colgar los guantes o de subirse en el primer Tica Bus o Transnica para irse lejos, muy lejos, como decía uno de mis vecinos cada vez que mi hermano “alegraba el barrio” con sus constantes prácticas de su banda de rock.

Después salta la Nicaragua ni fu-ni fa en la que tímidamente se discuten temas de interés común, hay críticas, aportes, planes estratégicos, deseos y consiciencia absoluta de la necesidad de un cambio, pero nunca nos ponemos de acuerdo por que cada quien quiere atraer agua para su propio molino.

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