A Mayela y la Rivers, mis compañeras de bote
La mañana del lunes recibí un correo de trabajo donde me solicitaban una cita de uno de mis libros favoritos para alimentar nuestra web.
Sin pensarlo respondí con una de “El amor en los tiempos del cólera” que fue mi libro de cabecera cuando intentaba entender esos temas del corazón.
Recuerdo que lo leí por primera vez en mi secundaria y esperaba con ansias cada fin de semana para ir a alfabetizar, vacunar o a alguna movilización donde podía ver a aquel muchacho de ojos verdes que me gustaba y con quien nunca pude tener el honor de compartir un viejo barco huyendo de ninguna peste.
Por eso no le di la oportunidad de decirme la frase lapidaria que el capitán le hizo Florentino Ariza:
- ¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo?
Florentino Ariza tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches.
- Toda la vida – dijo
Dos de mis colegas en la oficina respondieron, casi de manera simultánea con citas del mismo libro. Interesante, cómo ese libro marcó una parte de mujeres de mi generación.
Mujeres que crecimos en una Nicaragua en guerra con mil sueños por delante. Románticas, soñadoras, esperando por nuestro o nuestros Florentinos, porque me rehúso a creer que sólo tenemos un Florentino en la vida.
Y aquí me atrevo a tomar prestadas unas líneas del gran García Márquez en este mismo libro:”…lo asustó la sospecha tardía de que es la vida, más que la muerte, la que no tiene límites”. Una vez más Gracias Maestro, así en mayúsculas.
Sigamos soñando Maye y River.


